miércoles 10 de junio de 2009

10 de junio de 2009 - Cuando no hay buenas opciones

Cuando no hay buenas opciones
Jesús Humberto Olague Alcalá (*)
 
En mi más reciente comentario hablaba sobre el voto nulo como una medida para hacer saber a nuestras autoridades electorales, gobernantes, legisladores y partidos políticos, de la inconformidad de la ciudadanía en lo que a su actuación, sus pobres resultados y la forma en que llegan a obtener las posiciones en las que se encuentran se refiere.
 
El tema no es poca cosa, tanto que durante las últimas dos semanas, poco más o menos, ha causado controversia y debate no sólo entre el electorado sino también en las esferas políticas y los medios de comunicación, ya que no es ajeno a comunicadores conocidos y reconocidos, y las dirigencias partidistas no lo han podido dejar pasar, tanto que han criticado duramente a quienes han decidido adherirse o manifestarse en favor de las campañas de voto en blanco y voto nulo, que no es lo mismo pero es igual.
 
Como escribía anteriormente, estoy convencido de que la primera opción debe ser, por supuesto, el voto consciente, por un partido, un candidato o un proyecto que llenen nuestras expectativas y cubran nuestras necesidades, con compromiso y honestidad; desafortunadamente una gran parte de la población ya no creemos en cuentos de hadas, y entendemos que la abstención tampoco ha sido la solución para mejorar este sistema tan deficiente, para elevar la calidad del debate, para tener partidos que realmente busquen el bien común, para que los institutos electorales no dejen lugar a dudas, para que quienes no den resultados no puedan seguir viviendo a costa de los recursos públicos, para que la cantidad de legisladores se reduzca y se elimine o modifiquen las condiciones del fuero constitucional en el que se escudan muchos, no sólo para no rendir cuentas sino para hacer lo que les venga en gana, aún en detrimento de la ciudadanía.
 
Escuchaba hace un par de días en la radio una entrevista que le hicieron a una legisladora, no alcancé a escuchar de quién se trataba ni a que partido pertenece, decir algo así como que se habían equivocado en algunos aspectos medulares de la reforma electoral que aprobaron hace algunos meses, y que ya se estaba preparando, por representantes de varios partidos, una propuesta de reforma que revirtiera los errores cometidos en la anterior, porque no esperaban que los partidos políticos fueran los más afectados con dicha reforma al dar al IFE más poder (creo que ese fue el término que utilizó) del que imaginaban, y dijo alguna otra cosa de la que ya no me acuerdo, entonces se dio cuenta de lo que dijo y comenzó a cantinflear y a pedir que no se mal interpretara lo que dijo porque eso no era lo que había dicho sino que había dicho lo que no había querido decir, total que se hizo bolas y poco le faltó para desbaratarse, pero lo que me quedó claro es que esa reforma, en particular, no se aprobó para transparentar las campañas ni para dar confiabilidad al proceso, sino para callar cualquier posibilidad de señalamiento de mala actuación o falta cometida, en la actualidad o en el pasado, por los candidatos a puestos de elección popular.
 
Un par de días antes escuché por televisión un debate entre legisladores en el que el diputado panista Juan José Rodríguez Pratts hacía un balance del trabajo de la actual Legislatura y afirmaba, en pocas palabras, que éste había sido pobre, caro y se habían dedicado más al choque y al bloqueo que a legislar, a rechazar "por consigna" iniciativas presentadas por adversarios políticos y a los ataques personales, y entonces vienen de nuevo los cuestionamientos, hay que votar, sí, eso es claro, pero ¿para qué?, ¿por quién?, ¿y si no hay candidatos que den el ancho?, ¿es preferible no votar o anular el voto?
 
Finalmente, no soy defensor de una postura en particular, si el voto no es factible, luego de analizarlo lo suficiente, cada quien deberá elegir la forma de demostrar su inconformidad; y sigo creyendo que la menos mala de ellas podría ser anular el voto, y es que si en este reino del revés los políticos, los funcionarios gubernamentales y los consejeros electorales, como Benito Nacif en su reciente visita a nuestra entidad, critican estas iniciativas y califican de irresponsables a los que las consideren siquiera una posibilidad, por algo será, si se han olvidado de hablar en contra del abstencionismo y han apuntado la artillería contra los que piensan dibujar a Mickey Mouse en su boleta, votar por Cantinflas o simplemente dejar el papel en blanco, seguramente es porque les duele y no es tan descabellada la idea.
 
Digo, yo nada más digo.
(*) Ingeniero en sistemas computacionales
 
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1 comentarios:

  1. Nunca he dejado de votar,siempre lo hago,
    pero me molesta en grado sumo que tengo que votar por el menos peor.

    Ahora lo he decidido,voy a anular mi voto,pero como no sé si mi voto anulado sirva para algo,entonces lo que voy a hacer es romperlo,así de plano ya no sirve.

    Tal vez no sea lo mejor,pero no estoy de acuerdo con ningún partido y ya estoy cansada de todo el dinero que se gastan con sus campañas estúpidas.

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