Profesionales de la pobreza
Jesús Humberto Olague Alcalá (*)
Uno de los principales problemas de este país en que nos tocó vivir es, desafortunadamente, la falta de profesionalización de ciertos ámbitos y de profesionalismo de quienes intervienen en ellos. Pero ¿a qué me refiero con esta afirmación?, bueno, antes de entrar en materia, veamos un ejemplo que a todos nos es familiar o, al menos, conocido, la selección mexicana de fútbol, sus resultados recientes, las perspectivas de sus participaciones en competencias internacionales y las expectativas que de éstas nos hacemos los espectadores.
Cada vez es más frecuente que cuando "nuestra representación nacional" en este deporte se tiene que enfrentar a algunas selecciones de otros países, como Argentina y Estados Unidos específicamente, la primera idea que cruza por la cabeza de muchos es que de seguro perdemos, y por goleada, pero no hay problema porque según nosotros seguimos siendo el "gigante de la Concacaf", y en cuanto nos enfrentemos a los demás, no a los que son nuestro coco, nos la habrán de pagar aunque no sean quienes nos la deben, pero lo peor de todo no es lo anterior sino las expectativas con que vamos a cada torneo internacional en cualquier categoría, siempre con la idea de que ahora sí, campeones mundiales de seguro, y antes de cada partido el ritual sagrado; la persignada con plegaria a la Virgen de Guadalupe y las promesas de mandas incumplibles, aunque ni creyentes seamos; el atuendo preciso, la camiseta verde con franjas rojiblancas, la pintura tricolor en las mejillas y la peluca de uno o los tres colores nacionales; sin olvidar el aprovisionamiento y el regimiento, lo que incluye, por una parte, el six de cerveza y las botanas, y por otra a los parientes, los amigos, los vecinos y alguno que otro colado amigo del primo de un vecino; y luego lo mismo de siempre, las mentadas de madre al árbitro porque no marcó lo que creíamos que debía de marcar, y a los jugadores y al entrenador nacionales porque el resultado, nuevamente, fue adverso o, simplemente, se ganó sin convencer, a un rival de menor jerarquía por un marcador más apretado de lo que esperábamos porque así nos lo vendieron los medios de comunicación y nosotros lo compramos sin siquiera acordarnos de lo que sucedió en el partido inmediato anterior.
Y aquí van la pregunta obligada, ¿por qué sucede todo esto?, y la respuesta más simple, pues porque el medio futbolístico de nuestro país no se ha profesionalizado y, consecuentemente, nuestros futbolistas, dirigentes del deporte y medios de comunicación no son profesionales, no se preparan para dar resultados y sólo se interesan por lo que puedan ganar aún cuando no puedan ganar, pero no todo esto es culpa de ellos, porque aunque resulte extraño, nosotros como afición tampoco sabemos exigir que se nos respete como merecemos, al ser quienes pagamos por ver los partidos de fútbol, por la camiseta o el llavero de nuestro equipo preferido, convirtiéndonos en verdaderos profesionales de la pobreza, que si no económica, sí de resultados, cosa que al final no le interesa al medio futbolístico nacional porque al final ellos van a seguir ganando aún cuando pierdan.
Pero el comentario no inició así con la intención de hablar únicamente de fútbol, ni para entrar al suplemento deportivo de este diario, sino para hacer una analogía con lo que nos sucede en otras materias, específicamente las relacionadas con asociaciones civiles, medios de comunicación, políticos y su interacción.
El tema viene al caso por varias situaciones particulares de las que somos testigos cotidianamente, y no crea que me refiero únicamente a lo que pasa en Zacatecas, aunque así lo parezca, sino a lo que se ve en todo el país, porque cada vez es más común ver agarrones entre políticos que se acusan entre sí de lo peor de lo malo, que en el mejor de los casos se tachan de delincuentes, oportunistas, corruptos, y todo lo demás que se les ocurra y por falta de espacio no transcribiré, olvidándose de que un día ellos estuvieron en el poder, de que algún día dejarán de estarlo o de que posiblemente un día se tengan que calzar los zapatos que hoy enlodan; sin voltear a ver a la ciudadanía que regularmente es quien les lleva al poder; apoyados en medios de comunicación que destrozan a los adversarios políticos del poder detrás de sus líneas editoriales, llegando incluso a meterse en asuntos de carácter personal a falta de mejores argumentos; parapetándose en "organizaciones sociales sin ánimos políticos ni fines de lucro", que exigen políticos y medios honestos y comprometidos, pero no dan la cara a menos que alguien los balconee, ocultando sus intereses económicos y políticos que les vinculan con alguno de los bandos; de partidos políticos que se acuerdan del pueblo sólo en tiempos electorales y van y hacen promesas que ni pueden ni quieren cumplir, o que cumplen a medias porque hay a quienes les resulta bien fácil entregar una propuesta en alguna cámara legislativa, salir en la foto cumpliendo sus promesas de campaña, y luego votarla en contra, los mismos que la entregaron, una vez que llega a comisiones o al pleno.
Y mientras todos ellos se profesionalizan en sus propios intereses, la manipulación y la mentira, al pueblo, al que vota y compra, al que al final les mantiene, lo orillan a convertirse en un verdadero profesional de la pobreza.
Digo, yo nada más digo.
(*) Ingeniero en sistemas computacionales
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