Por fin, el fin
Jesús Humberto Olague Alcalá (*)
Afortunadamente las campañas electorales han llegado a su fin, y digo afortunadamente porque ya era justo y necesario que estas guerras terminaran, guerras sucias, de declaraciones, de videos, de correos electrónicos, de propuestas vacías, de hartazgo social.
Ahora que llega el fin de este tinglado es claro que ha habido dos diferencias fundamentales entre este proceso electoral y los anteriores, en lo local se ve un balance de fuerzas entre los que gobiernan desde el partido en el poder y los que no han dejado de hacerlo desde diferentes trincheras y con banderas diferentes, ambos con liderazgos fácilmente identificables, en tanto que a nivel nacional es evidente el hartazgo de una ciudadanía que hoy en día se expresa, que busca hacer patente su descontento hacia políticos, partidos, "servidores públicos" y todo lo que representan.
Lo que no parecía tan cercano, aunque se veía venir, era la aparición de una figura que viniera a hacerle saber a los gobernantes y políticos del hartazgo al que han empujado a la ciudadanía, que levantara voz para decirles que si no se ponen las pilas, algo se hará para echarlos o para no permitirles llegar. La historia es de todos bien conocida, primero el reclamo que en cuestiones de seguridad se convirtió en el grito de guerra de una ciudadanía harta de ver cómo las autoridades se apoltronan , pero como era de suponerse, a nuestros políticos y gobernantes el famoso si no pueden renuncien les hizo, como todos los demás reclamos ciudadanos, lo que el viento a Juárez, y ni el dinero ni el poder de convocatoria de Alejandro Martí; ni el respaldo de los medios de comunicación; particularmente el de Televisa y Joaquín López Dóriga; ni el apoyo de mucha gente que se adhirió a la petición, fueron suficientes para mover aunque fuera un poco a una clase que desde la comodidad de sus oficinas de despacho hacía ojos ciegos a marchas y manifestaciones y oídos sordos a quienes les cantaban el Himno Nacional, gritaban reclamos y echaban hasta una que otra mentada de madre, al cabo que estas son como las llamadas a misa. Luego el lanzamiento de una asociación civil que habría de observar el desempeño de los políticos y el cumplimiento de las promesas que éstos hicieran a la ciudadanía, asociación de la que no se volvió a saber luego de aquella noche en que el propio Alejandro Martí presentara en el noticiero del mismo López Dóriga, tanto la asociación S.O.S. como la página de Internet que sería el medio de comunicación de la ciudadanía con la organización en cuestión; otro esfuerzo del que, hasta donde entiendo, no ha dado los frutos que se esperaban. Finalmente, hace algunas semanas, el propio Martí y representantes de otras organizaciones ciudadanas, entre ellas México Unido Contra la Delincuencia, presentaron una iniciativa ciudadana interesante en relación al voto en los próximos comicios federales, consistente en hacer que realmente sea útil, que no sólo se vaya a la estadística como un medio de presión a los candidatos a puestos de elección popular para que no hagan promesas al aire, para que cumplan y, finalmente, para que se enfoquen en temas del interés común, una propuesta que resulta bastante congruente en varios sentidos, por la importancia que da al voto como principal motor del cambio que tanto requiere nuestro país, porque pone sobre la mesa temas importantes como seguridad, rendición de cuentas, reforma del Estado, etcétera.
Escuché recientemente decir a un periodista que, palabras más o palabras menos, esto ponía a Martí como un hombre de estado, que era la cuña que nuestra clase política necesitaba para no se cuantas cosas, y que casi venía a ser el remedio de todos nuestros males, rosario de halagos que no comparto, porque, desde mi perspectiva personal, esto servirá, vaya que sí, pero lo que finalmente se ha visto es que mientras algunos partidos, los más, simplemente ignoraron la propuesta, otros se sumaron con las reservas del caso afirmando que "sí, cómo no, lo firmaremos, ante notario, si es necesario", y otros más que sacaron raja de esto para tomar el reclamo, ponerlo en el discurso, meterle asuntos que son de su propio interés electorero, firmar compromisos, salir en la foto y utilizarlo como tema de campaña, aunque podríamos suponer que después del próximo domingo lo arrugarán y muchos lo tirarán a la basura, los demás sin el menor empacho lo harán rollito...
Es aquí que hay dos situaciones a considerar, en principio que estos temas del interés común pueden no resultar tan comunes, porque, y sólo por poner un par de ejemplos, algunos pensamos que la reelección de legisladores y alcaldes no es necesaria y sí la ampliación del período de diputados y alcaldes a seis años, o cuatro, y la eliminación de escaños por la vía plurinominal; porque habemos quienes estamos convencidos de que para cumplirse cualquier compromiso sobre seguridad es imprescindible una reforma integral a nuestros sistemas educativo, judicial y de readaptación social; y en segundo lugar que antes que una asociación que observe el cumplimiento de las promesas de campaña es urgente que se reformen las leyes para obligarles a rendir cuentas, pero como son ellos mismos quienes tendrían que hacer dichas reformas, esto va a ser poco menos que imposible y a lo más que podremos aspirar es a que aprueben un esperpento de ley que luego tengan que reformar una y otra vez hasta que sean ellos los únicos beneficiados.
Y aunque podemos congratularnos de que por fin llegó el fin de este proceso, vale más que comencemos a prepararnos para lo peor, a poco más de un año de la guerra por la gubernatura.
Digo, yo nada más digo.
(*) Ingeniero en sistemas computacionales
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