¿Sufragio efectivo?
Jesús Humberto Olague Alcalá (*)
No son nuevas las ideas de permitir la reelección de alcaldes y legisladores, la revocación del mandato, las candidaturas ciudadanas y la reducción de la cantidad de legisladores, temas que, entre otros, vuelven al aparador luego de que en las elecciones de hace unos meses, en respuesta a los planteamientos que Alejandro Martí hiciera en alguna de las reuniones del Consejo de Seguridad Pública, varios candidatos a diputados los incluyeran en sus plataformas para la actual legislatura, y a últimas fechas ha hecho propios Felipe Calderón, sin embargo valdría la pena ahondar un poco en algunas de las propuestas.
En lo referente a la reelección de funcionarios el tema no es la gran cosa porque, contrario a lo que muchos pudiéramos creer, nuestras leyes a lo que se oponen es a la reelección en períodos consecutivos, que no a la reelección en sí, además, sólo incluye a alcaldes y legisladores federales, no a gobernadores ni al propio presidente, de tal manera que a lo que abriría la posibilidad es a que la reelección se pudiera dar en períodos consecutivos y sólo en un cierto nivel de la jerarquía política; además, hoy en día los políticos se la pasan brincando de un cargo a otro perpetuándose en la función pública, porque un período son alcaldes y al otro diputados locales, luego gobernadores, más tarde diputados, después senadores, y de ahí, a pasearse de un cargo a otro repetidamente, sin que haya poder humano que les pueda sacar de este círculo.
La suposición de que reelegir a alcaldes y legisladores implicaría por necesidad la profesionalización de su actividad, la obligatoriedad de la rendición de cuentas y que el electorado finalmente tuviera en sus manos los destinos de sus distritos y demarcaciones me parece un desatino en el supuesto de que si están ahí, en obediencia al mandato popular, deberían desempeñarse con profesionalismo; que igualmente, apelando a ese profesionalismo del que hablamos, deberían rendir cuentas claras, con toda honestidad; y que al final, ellos llegan a ocupar esos cargos precisamente porque el pueblo así lo decidió, en el entendido de que, aunque sea demasiado redundar sobre lo mismo, se desempeñarán con todo profesionalismo y honestidad. Desafortunadamente es claro que estos supuestos son más bien sueños guajiros que otra cosa.
Por su parte, la revocación del mandato tiene sus asegunes, en el sentido de que para llegar a la posibilidad de sustituir a un funcionario que no cumpla con aquello para lo que fue electo, primeramente tendría que haber llegado a ese sitio por el voto directo, lo que implicaría la supresión de legisladores plurinominales y que las elecciones se dieran dentro de un sistema democrático maduro, que no dejara lugar a dudas, que no permitiera situaciones como las que se presentaron en Iztapalapa durante los últimos meses, en donde la candidata que sí era no pudo serlo, la candidata que no era lo fue, el que ganó era un simple parapeto, el que ganó no ganó sino la que no contendió, el delegado no fue delegado, el delegado quiso serlo pero ni podía ni sabía, y finalmente la que no fue electa terminó siendo impuesta, y todo entre descalificaciones, burlas, vituperios, desconocimientos, reconocimientos, y muchas otras cosas más propias de las elecciones del sindicato de pepenadores, barrenderos, similares y adjuntos del municipio de San Goloteo Bailador que del delegado de la demarcación más grande del país.
Pero no son estos los únicos temas de la reforma política del presidente Calderón, que incluye los siguientes diez puntos:
- Reelección de alcaldes o jefes delegacionales y otros miembros de ayuntamientos, hasta por un período de doce años consecutivos.
- Reelección de senadores y diputados federales, hasta por un período de doce años consecutivos.
- Reducción de las dos cámaras del Congreso, quedando 96 senadores y 400 diputados federales.
- Aumentar el porcentaje mínimo de votos necesarios para que los partidos políticos conserven el registro.
- Incorporar la figura de "iniciativa ciudadana", que permita a los ciudadanos enviar al Congreso iniciativas de ley sobre temas particulares en la agenda legislativa.
- Incorporar la figura de "candidatura independiente" para todos los cargos de elección popular.
- Implementar la segunda ronda electoral en la elección presidencial, de manera de que en la primera ronda el ganador sólo pueda ser el que haya obtenido más de la mitad de los votos, y de no ser así, contiendan los dos candidatos con mayor cantidad de votos.
- Reconocer la atribución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para enviar al Congreso iniciativas de ley en el ámbito de su competencia.
- Incorporar la figura de "iniciativas preferentes", de la manera de que si el Legislativo tenga la obligación de votar hasta dos iniciativas por período enviadas con este carácter por el Ejecutivo antes de la finalización del mismo, y de no hacerlo éstas serían aprobadas automáticamente.
- Otorgar al Presidente facultades para emitir observaciones en relación a los proyectos aprobados por el Congreso, lo mismo que al Presupuesto de Egresos de la Federación.
A mi entender, brevemente y sin entrar en detalles, por falta de espacio, no es necesaria ni conveniente la reelección en períodos consecutivos, sino encontrar mecanismos para que el pueblo participe desde en la elección de candidatos y, si ninguno le llena el ojo, con la posibilidad de contar con candidatos ciudadanos; que haya menos elecciones, igualar los períodos de los alcaldes y diputados al de senadores, gobernadores y presidente y empatar los tiempos electorales para no tener más de dos jornadas electorales por sexenio; limitar el gasto y transparentarlo, para que éste no sea botín de partidos políticos ni haya posibilidad de que se utilice dinero de procedencia ilícita, eliminando todos los escaños a los que no se accede por voto directo, reduciendo y auditando el presupuesto de gobiernos y cámaras, eliminado las partidas secretas, artículos de lujo y gastos discrecionales de cualquier orden ya que muchas veces esos recursos van a parar a campañas políticas; promover el análisis y diseño conjunto de propuestas y proyectos económicos o de relevancia para el país, para evitar negociaciones en lo oscurito, sobre-atribuciones y aprobaciones aceleradas, al vapor o en bancada, sin un pleno conocimiento de sus consecuencias, a cambio de beneficios político/electorales.
Digo, yo nada más digo.
(*) Ingeniero en Sistemas Computacionales
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