jueves 14 de octubre de 2010

Sueños mapuches

Sueños mapuches
Jesús Humberto Olague Alcalá (*)

Hoy, medio día después de que se ha rescatado al último de los mineros de Atacama, allá en Chile, luego de que la emotividad nos ganó a muchos, a los que queremos ver con algo de optimismo este desmadre en que está convertido nuestro mundo, a los que queremos creer que no todo está perdido, vale la pena reflexionar algunas cosas.

Comparaciones más, ganancias menos, para algunos mexicanos puede resultar ociosa cualquier comparación con el caso de Pasta de Conchos, porque no es lo mismo, acá "sabíamos desde el primer momento que nuestros mineros habían muerto, allá siempre hubo esperanza"; pero no debemos olvidar que cuando la esperanza allá estaba casi perdida, diecisiete días después del derrumbe, cuando ya se hablaba tímidamente de la posibilidad de cancelar las operaciones de rescate, se logró comunicación con los mineros y fue entonces cuando un accidente fatal de baja cobertura se convirtió en un milagro y en el suceso mediático del año. Se nos olvidó o nunca nos enteramos de que en Mina San José ya había habido otros derrumbes similiares, el más reciente apenas un mes antes, que la mina estuvo cerrada por insegura durante un año y se reabrió apenas en el 2008, que en otras minas de la misma empresa ha habido antes accidentes similares, ¿alguna semejanza con Pasta de Conchos?

Decir que acá gobierno y empresa "se pusieron de acuerdo para no rescatarlos" es poco menos que una exageración y una declaración desproporcionada, aunque la haga el obispo de nomeacuerdo, lo que aquí vimos fue casi lo mismo pero no igual, porque es muy diferente trabajar en una mina de carbón que en una de cobre, porque las condiciones y la peligrosidad no son las mismas, tan simple como que en Pasta de Conchos había un riesgo de explosión que en San José no existía; sin embargo, acá el supuesto intento de rescate desde un principio se vio desganado y los gobiernos, tanto federal como estatal, demostraron no tener capacidad y decisión para obligar a la empresa a agotar todas las posibilidades y no cancelar la búsqueda apenas al sexto día, porque siempre resultará más caro el rescate que las indemnizaciones que cuatro años después ni siquiera han cubierto en su totalidad.

Allá como acá no se hubieran dado estos desastres a no ser porque a las empresas les interesa más la ganancia para sus bolsillos que la seguridad de sus trabajadores, y los gobiernos no se encargan de que sea deiferente; Chile no es un milagro ni un ejemplo en todo y para todo, tiene sus problemas como todos los paises, baste como muestra voltear a ver el conflicto Mapuche, la criminalización, represión y persecución del que han sido objeto quienes, en contra de los intereses de unos cuantos protegidos por el gobierno, buscan la recuperación de las tierras que ancestralmente les corresponden y de las que fueron despojados para el beneficio de quienes ostentan el poder económico.

Irónico resulta el gesto de Mario Sepúlveda, el que dice no querer ser tratado como artista sino como un simple minero pero que ya es el emblema de esta fiesta de renacimiento, al plantarse delante del presidente chileno y sacar del morral un puñado de piedras con oro y repartirlas entre sus compañeros y el propio presidente, como recuerdo de la aventura, tal vez como para decirle al mundo que el oro no se compara con la vida.

Lo que distingue a Chile de la mayoría de los paises de Latinoamérica son la solidaridad, institucionalidad y nacionalismo de su gente, producto de muchos años de represión y mano dura, asesina, de la dictadura pinochetista de derecha extrema; mientras que en México reinan y distinguen el desinterés, la falta de solidaridad, la falta de institucionalidad, el pseudo nacionalismo de fiestas septembrinas, resultado de muchos años de gobiernos corruptos, de cambios sin rumbo, de alternancias aguachirlosas, de revoluciones caducas.

Quizá las enseñanzas más duras, para quienes quieran aprender algo de esto, cuando pase la euforia, serán que el interés es efímero, que las historias que no se fabrican se compran y terminan en el cine o en televisión, que la memoria es corta y desmemoriada, que es más fácil fabricar héroes en la desgracia y por eso no hay que prevenirla, porque el show siempre debe continuar.

Hoy el milagro chileno debe ser un ejemplo para todos, sí, de cómo se pueden hacer bien las cosas cuando se quiere, de que hay que querer con más fuerza y más frecuencia, de que la unión de poder y dinero podría servir para hacer algo por el bien común, de cómo con un poco de ingenio y un mucho de voluntad se pueden lograr cosas importantes, pero esos son sólo sueños, y no guajiros, sino mapuches.

Digo, yo nada más digo.

(*) Ingeniero en Sistemas Computacionales

1 comentarios:

  1. Son muchas las diferencias que hay entre los mineros chilenos y los mexicanos pero de igual manera el interés por rescatar a estos fue casi nulo.

    Y a todos se nos olvidó pronto su rescate menos a sus familiares.

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