Así es la cosa
Jesús Humberto Olague Alcalá (*)
En México estamos en una encrucijada de encrucijadas, literalmente, está llegando el momento de elegir el rumbo que como nación debemos tomar, y las alternativas no son fáciles en cada uno de los cruceros que se nos presentan en el camino.
Cada vez es más común hablar de delincuencia y de violencia, de drogas, de guerras intestinas, de jóvenes asesinados en fiestas, de drogadictos masacrados en penales y centros de rehabilitación, de luchas de poder entre cárteles de la droga en la calle y en las cárceles, de menores de edad armados, de cuerpos colgados, de desaparecidos y pozoleados, de balazos. Hoy vamos llegando a un punto en que como país tenemos que decidir si esto es lo que queremos, y cómo vamos a hacerle si no es así.
Más allá de lo que creamos conveniente o necesario, de que estemos a favor o en contra, y vaya que en este y otros espacios me he pronunciado en más de una ocasión en contra de ello, es importante entrar a la discusión sobre la legalización de las drogas, de todas y no sólo de una, en el entendido de que legalizar el consumo de la mariguana no es sino una "solución" parcial a un problema mucho más grave; urge una discusión amplia de todo lo que implica el asunto, para bien o para mal; entender que este problema tiene que atacarse también desde los puntos de vista de la educación, la salud y la seguridad, y no sólo desde el punto de vista del combate al narcotráfico; ver las consecuencias que esto traería en cada uno de estos ámbitos; entender que es necesario mejorar la calidad de la educación de nuestra infancia y juventud, porque no es exagerado decir que hoy en día ya pasamos de niños que querían ser médicos, bomberos o astronautas a infantes que quieren ser zetas, y si no lo cree o piensa que estoy exagerando, vaya y pregúntele a cualquier educadora de preescolar de educación pública, en Zacatecas por lo menos, a ver qué le dice.
En múltiples ocasiones me he pronunciado como un convencido de que la pena de muerte no es la solución perfecta, como muchos afirman, para el asunto de la delincuencia, pero si no tenemos otra alternativa, pues consideremos la posibilidad de plantear los escenarios y discutir el tema, sin perder de vista que el primer requisito para que sea una solución es que se den las condiciones de honestidad, justicia y equidad, tan manoseadas últimamente, que garanticen que no habrá chivos expiatorios ni víctimas de ajusticiamientos injustos.
En este cruce de caminos hay que encontrar la forma de mejorar y generalizar la educación en nuestro país, volver a una formación basada en el fortalecimiento de valores cívicos y morales, no necesariamente religiosos, que se han ido perdiendo por la propia degradación social o por decisiones equivocadas de los grupos de poder en turno, y generar las condiciones económicas necesarias para que la delincuencia no sea la principal fuente de empleo para los jóvenes, pero hay que tener caro que quitarle el nicho de negocio a los traficantes y su amplia telaraña de asociaciones delictuosas no los dejará tan tranquilos, y hasta podrían, lo harían seguramente, diversificar para fortalecerse en otras industrias, en las que ya incursionan, como la del secuestro, la extorsión o la venta de "protección" y entonces la guerra se tendrá que replantear cada vez ante las nuevas circunstancias.
Para facilitar que se creen las condiciones de todo lo anteriormente expuesto hay que atacar a la corrupción gubernamental, redefinir el papel y la autoridad de las comisiones de Derechos Humanos y replantear la función de los sindicatos en este nuevo orden; mandar a la sombra, si es preciso, a los policías municipales y estatales que protegen a delincuentes, a los policías federales que balean estudiantes y a los militares que violan a niñas y mujeres indígenas y disparan a familias aún sin haber retenes de por medio; hacerlos acompañar por líderes sindicales que mandan asesinar a agremiados incómodos, que se enriquecen a costa de las cuotas de aquellos a los que no protegen, de lana por debajo de la mesa de patrones a los que sí cuidan en sus intereses, de subsidios de gobiernos interesados en mantenerles tranquilos; eliminar el fuero constitucional y los privilegios de regidores, diputados y senadores que son impuestos por narcos para proteger sus intereses, y mandarlos a las mismas islas; enviar al mismo sitio a políticos y funcionarios públicos corruptos o discriminatorios. No importa que este país se quede con la mitad de la población actual, eso será preferible a que esa mitad de la gente tenga que salir por piernas a buscar mejores oportunidades de vida a otros sitios, así se tengan que enfrentar al racismo y la discriminación de que somos víctimas en otros países.
A tan sólo un año y medio de celebrarse elecciones presidenciales en las que a reserva de lo que pueda suceder en los próximos meses ya se vislumbran algunos escenarios como la división interna de dos de los tres principales contendientes, la izquierda afectada por descalificaciones y madruguetes y la derecha acusando los estragos, entre algunos pocos logros casi imperceptibles, de una guerra a la que el presidente Felipe Calderón nos lanzó a todos apurada, desorganizadamente y sin medir las consecuencias; una alianza sin pies ni cabeza; combinación de factores que aún hoy que las cosas no están tan claras, dejan ver a un ganador en potencia, que podría tenerla más fácil en la carrera presidencial que en la elección interna de su partido. Desafortunadamente, aunque todas estas son meras especulaciones, sobre los resultados podemos tener un muy alto grado de certidumbre aún sin haber iniciado la contienda.
Y todo esto que parece una capirotada de temas inconexos, tiene más relación de la pudieramos pensar, porque una cosa nos lleva a la otra y acá, en México, así es la cosa.
Digo, yo nada más digo.
Yo no sé que pasaría si legalizaran la droga.
ResponderSuprimirSiempre he estado a favor de la pena de muerte pero en nuestro país sucedería que se llevarían entre las patas a gente que se querría desaparecer. Así ha pasado y con la pena de muerte se daría el permiso no sé si me explico.
Y de la política, qué decir, muchas mujeres quieren que gane Peña Nieto por guapo,así de mal estamos.