Jesús Humberto Olague Alcalá (*)
Estos días en los medios impresos y radiofónicos, así como en las redes sociales, una de las noticias principales ha sido, lógicamente, el despido de Carmen Aristegui de MVS Radio, bajo el pretexto de que habría violado el código de ética de la empresa al difundir rumores como noticias, luego de que pusiera sobre la mesa el tema del supuesto alcoholismo del presidente Felipe Calderón y la necesidad de, en su caso, de llevarlo a un debate y a un análisis más profundo.
La historia comienza el pasado 3 de febrero, cuando el diputado Gerardo Fernández Noroña y otros integrantes de las fracciones petista y perredista aparecieron en el pleno con una manta con la fotografía de Felipe Calderón y tres preguntas: ¿tú dejarías conducir a un borracho tu auto?, ¿no, verdad?, ¿y por qué lo dejas conducir el país?
Carmen Aristegui pregunta en su programa ¿por dónde atacar el asunto?, ¿tiene o no problemas de alcoholismo el presidente de la república?; pone sobre la mesa la posibilidad de que, como se hace en otros países (sin indicar cuales), someterle a estudios que demuestren su condición; y se pronuncia en favor de ponerle atención de acuerdo con la propia gravedad del mismo, afirmando en repetidas ocasiones no tener elementos para confirmar la veracidad de esta aseveración, y haciendo alusión reiteradamente a que este es un asunto que se ha llevado y traído desde hace un tiempo en las redes sociales.
La afirmación del supuesto alcoholismo de Felipe Calderón es algo que seguramente muchos de los que accedemos a estos espacios virtuales hemos leído en más de una, dos, diez, cien, ocasiones durante los últimos tres años, por lo menos, y que por más que los "miedos de comunicación" se hagan de la vista gorda, es un tema que, coincido con Aristegui, tiene que ser afrontado de acuerdo con la gravedad del asunto, resulte cierta o no.
Y es de la mención de las redes sociales de donde la empresa MVS Comunicaciones se agarra para rescindir el contrato de la comunicadora por dos circunstancias; primero, supuestamente, violar el código de ética que rige a la empresa y a todos sus empleados y por el cual se comprometen a "rechazar la presentación y difusión de rumores como noticias", lo que me parece desatinado ya que en principio el comentario no tiene su origen en los rumores que puedan salir de las redes sociales sino de la manta que la fracción petista introdujo al Congreso y que sí es noticia, así estemos acostumbrados y suscribamos, o no, los desplantes de este singular personaje; y segundo, negarse a leer una disculpa pública, exigida por la presidencia a la familia Vargas, propietaria de MVS, en el entendido de que si ella se disculpa públicamente estaría reconociendo haber dicho algo que, por donde uno le vea, no dijo.
La notificación por parte de la empresa a la Presidencia de la República del despido de Aristegui se presta a rumores e interpretaciones, porque a reserva de confirmar lo contrario, las versiones tanto del gobierno como de la empresa coinciden en que en el despido de la comunicadora no hubo presiones por parte del primero sino que fue una decisión unilateral y voluntaria de la segunda, resultan poco creíbles e insuficientes.
Más allá de la presunta simpatía y apoyo de Carmen Aristegui al "gobierno legítimo", encabezado por Andrés Manuel López Obrador, del que forma parte de alguna manera Fernández Noroña, esta situación tiene que ser tratada con cuidado ya que si bien cualquier comentario sobre el presidente del país, su investidura y las instituciones a las que dirige y representa debe hacerse considerando estos elementos, nada justifica aplastar a la libertad de expresión de un ciudadano mexicano, siempre que sus opiniones se hagan con apego a principios éticos y en un marco de respeto, como a mi entender lo hizo la comunicadora, y más si se trata de una persona cuya labor es precisamente la de informar sobre los acontecimientos relevantes de nuestro país.
La postura de MVS deja ver, entre otras posibles lecturas, la facilidad con que se entregan las garantías individuales a los intereses de los grupos de poder en este país, y la falta de objetividad, seriedad y compromiso con la verdad, de un medio que gozaba de una de las mejores reputaciones en cuanto a credibilidad de medios masivos de comunicación y noticias en este país, credibilidad que precisamente ganaron hace poco más de un año al contratar a la propia Aristegui tras su despido de Televisa Radio por hacer público el asunto de las preferencias sexuales y la doble vida de Marcial Maciel, ahora plenamente confirmado y reconocido, no sólo por la congregación que él mismo fundó y formó sino por la jerarquía de la propia Iglesia Católica.
Puestas las cosas de esta manera, este despido podría convertirse, de confirmarse la responsabilidad del gobierno federal, en un tema de derechos humanos y competería a la Comisión Nacional de Derechos Humanos investigar y emitir las recomendaciones pertinentes para la reparación del daño, además de los recursos que ante las autoridades competentes en materias laboral, civil y penal se pudieran interponer en contra de la empresa.
Y abona a la suspicacia y a la interpretación, al enturbamiento del ambiente, el hecho de que trasciende que todo esto se da en el marco de la re-negociación entre MVS y el gobierno del refrendo de la concesión de la primera para transmisión en la banda de 2.5 GHz
La presunción del alcoholismo de Felipe Calderón ha tomado fuerza en este contexto en virtud de que: los argumentos de la empresa no parecen lo suficientemente sólidos, por estar basados en sólo una parte del comentario de Aristegui y porque la falta de un pronunciamiento oficial, no tanto sobre el comentario editorial de Aristegui sino por el presunto alcoholismo del presidente, acompañado de la documentación necesaria, deja lugar a interpretaciones; y es que, vox populi, "hay que predicar con el ejemplo", "el que calla otorga" y "las mentiras que más duelen son las que resultan verdad". Y si de predicar con el ejemplo se trata, habría que preguntarle a Carmen Aristegui por qué decidió no responder preguntas durante la rueda de prensa que ofreció esta mañana.
Pero a pesar de todo, la pregunta que ocasionó esta "rebambaramba" sigue sin respuesta, y seguramente así se quedará, ¿tiene o no problemas de alcoholismo el presidente de la república?
Digo, yo nada más digo.
(*) Ingeniero en Sistemas Computacionales
Yo lo veo de esta forma: Si Felipe Calderón es borracho ¿qué?, supongo que cuando está en funciones lo hace estando sobrio porque sino fuera así ya lo habrían exhibido en muchos lados.
ResponderSuprimirSi bebe cuando está en su casa con su familia es su problema. Si vamos a crucificar a todos los borrachos estamos jodidos. Ahora que si necesita ayuda pues que se la den.
Ya sé que no es así de fácil pero no entiendo porqué hacen tanto drama porque beba.
Así lo veo yo.
De Carmen Aristegui me reservo mi opinión.